El cambio climático en África

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Cambio Climático en África
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El cambio climático en África. Seguridad Nacional
30 de mayo de 2021

En el mundo, los efectos del cambio climático son cada vez más evidentes, como reflejan los informes sucesivos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) que, en su “Estado del Clima Global 2020”, ya da por superado el grado (1,2ºC) de diferencia entre las temperaturas actuales y las de la época preindustrial (1850-1900).

En este contexto global, el cambio climático no es un problema equitativo, pues la población más pobre del mundo es la que menos contribuye a la acumulación de gases de efecto invernadero y, al mismo tiempo, la peor equipada para hacer frente a sus impactos negativos. Sin embargo, las naciones ricas son las que más han contribuido al recalentamiento mundial, y también las mejor preparadas para adaptarse a los impactos climáticos. Por todo ello, el éxito de las acciones de mitigación y adaptación de los esfuerzos está condicionada a la superación de las disparidades entre países desarrollados y en desarrollo.

En África, el incremento de las temperaturas globales y el descenso de las precipitaciones —unido al aumento de los fenómenos meteorológicos extremos— aceleran la expansión de los desiertos y los cambios graves en los sistemas ecológicos y biológicos más sensibles; y además es uno de los continentes más vulnerables debido a su alta exposición, vulnerabilidad y baja capacidad de adaptación.
 

 

Fuente: El Orden Mundial siglo XXI / Abel Gil Lobo

 

De hecho, según el quinto informe de evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), la evidencia de calentamiento en las regiones terrestres de África ha aumentado en consonancia con el cambio climático antropogénico. Así, existen serias alteraciones que inciden en los fenómenos extremos (“Estado del Clima en África 2019” OMM); y, en 2020, se han registrado niveles de precipitación inusualmente altas en África oriental y nororiental, e inusualmente bajas en el sur y noroeste de África.

Esta situación que sufre el continente africano es prioritaria para la seguridad nacional de España. Por ello, es imprescindible colaborar con el continente africano, en especial con las regiones del Magreb y Sahel, para generar áreas seguras y estables; y, al tiempo, cooperar en su desarrollo económico y social. En este sentido, también hay que realizar un seguimiento exhaustivo de los efectos negativos del cambio climático en África.

Según el informe especial “El cambio climático y la tierra” (2020), del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), este fenómeno ha disminuido las tasas de crecimiento animal y de la productividad en los sistemas pastorales de África. Además, existe una evidencia sólida de que las enfermedades y plagas agrícolas ya han reaccionado ante el cambio climático, lo que ha provocado aumentos y disminuciones de las infestaciones; y también está afectando a la seguridad alimentaria de las zonas áridas africanas.

Entre otras muchas adversidades, la devastadora plaga de langosta que se inició en el Cuerno de África en 2019 se extiende ya, según la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), hasta Sudán; y este fenómeno podría tener relación con el cambio climático, pues todo indica que se produce a consecuencia de dos temporadas de lluvias fallidas consecutivas, sequía, lluvias torrenciales e inundaciones.

Sin duda, las observaciones son negativas, pero las previsiones son aún peores. Según todos los indicios, Asia y África tendrán el mayor número de personas vulnerables a una mayor desertificación. Con el aumento del calentamiento, las proyecciones apuntan a que la frecuencia, intensidad y duración de todos los fenómenos relacionados con el calor aumentarán en este siglo, así como la frecuencia e intensidad de las sequías, particularmente en África meridional.

Según el informe “Calentamiento global de 1,5°C”, con proyecciones de escenarios medios de emisiones, extensas áreas de África superarán los 2°C en las últimas dos décadas de este siglo en relación con la temperatura media anual de finales del siglo XX; y toda África lo hará en el caso de escenarios de altas emisiones (vía de alta concentración representativa RCP), en estos últimos escenarios, a mediados o finales de siglo gran parte de África, podría alcanzar entre 3°C y 6°C. En África subsahariana, esto supondría reducciones netas del rendimiento, entre otros cereales, del maíz, el arroz y el trigo, así como de la calidad alimenticia de estos dos últimos, que depende del CO2.

Por otro lado, las previsiones de la FAO indican que, en África occidental y central, los cambios ecológicos se traducirán en pérdidas del PIB agrícola de entre el 2% y el 4%, a lo que habría que añadir efectos costeros que incidirán en la pesca o el turismo. Por su parte, en el norte de áfrica, incluidos los márgenes del Sahel, es previsible una reducción de los períodos de crecimiento vegetal y, en general, un mayor estrés hídrico. Además, la estabilidad del suministro de alimentos disminuirá con el aumento de la magnitud y frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos, que interrumpen las cadenas alimentarias; y de los niveles atmosféricos de CO2, que también puede reducir la calidad nutricional de los cultivos.

Según el Internal Displacement Monitoring Centre (IDMC), el cambio climático ya está incrementando los desplazamientos humanos, pues incrementa la pobreza, la inseguridad alimentaria, la escasez de agua y el acceso a otros recursos naturales, que son imprescindibles para la supervivencia de las comunidades. Junto con los conflictos, la inestabilidad y las crisis económicas; la variabilidad y el cambio climático están entre los impulsores clave del reciente aumento del hambre en el continente africano. Desde 2012, y según la FAO, en los países del África subsahariana, el número de personas desnutridas ha aumentó en un 45,6%.


 

Con todo, los desplazamientos internos provocados por desastres naturales superan con mucho los derivados de los conflictos armados. En 2020, se estima que más de 30 millones de personas se vieron forzadas a abandonar su lugar de residencia por este tipo de catástrofes. De ellos, el 87% lo hicieron por inundaciones, tormentas o incendios forestales. Sin embargo, mucho más relevante y de difícil cuantificación, son los movimientos migratorios relacionados con efectos climáticos de evolución más lenta —la desertificación, el deshielo o la salificación de los acuíferos—, que muchas veces quedan registrados como movimientos humanos por factores socioeconómicos. Por todo ello, y con el objetivo de hacer más vivible y sostenible el continente africano, es urgente actuar sobre las causas más profundas de las migraciones, entre las que el cambio climático es la más relevante.
 

 
 
 
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