19/09/2025
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El Dáesh continúa siendo una amenaza persistente, global y en constante evolución. Para su neutralización, se requieren estrategias integrales basadas en una firme unidad internacional y sustentadas en el respeto a los derechos humanos. El grupo se muestra cada vez más activo en África y aprovecha redes tecnológicas y financieras para expandir su influencia.
El pasado 20 de agosto de 2025, el secretario general adjunto de la Oficina de las Naciones Unidas contra el Terrorismo presentó, ante el Consejo de Seguridad, el XXI Informe sobre la amenaza para la paz y seguridad internacionales que representa el grupo terrorista Estado Islámico de Irak y el Levante (Dáesh), así como los esfuerzos que desarrolla la ONU en apoyo a los Estados para contrarrestar dicha amenaza.
Este informe fue elaborado por la Oficina de las Naciones Unidas de Lucha contra el Terrorismo (UNOCT), en cumplimiento de la resolución 2734 (2024), en colaboración con la Dirección Ejecutiva del Comité contra el Terrorismo (CTED).
Evaluación de la amenaza
En este documento se destaca que, a pesar de la constante presión antiterrorista, la amenaza que plantea Dáesh y sus grupos afiliados sigue siendo significativa. El grupo traslada una notable capacidad de resiliencia y adaptabilidad, modificando sus tácticas y reorientando geográficamente sus operaciones. A pesar de la eliminación de varios líderes, su capacidad operativa no se ha visto sustancialmente afectada.
En cuanto a las áreas geográficas de actuación, el continente africano se consolida como el principal escenario de actividad del grupo. Dáesh y sus filiales han intensificado sus operaciones en África Occidental y el Sahel, aprovechando la debilidad institucional y los conflictos armados locales.
En este sentido hay que destacar la filial Estado Islámico en la Provincia de África Occidental (ISWAP) que se ha convertido en el más prolífico productor de propaganda de la organización, intensificando su discurso extremista y atrayendo a potenciales combatientes extranjeros. Asimismo, el Estado Islámico en el Gran Sáhara ha ampliado su área de acción en Níger. En Libia, se han detectado redes logísticas y financieras vinculadas al grupo, con conexiones en toda la región del Sahel.
En Irak y Siria, Dáesh continúa activo, consolidando y ampliando sus redes con el objetivo de restaurar su capacidad operativa. Focalizando este análisis en Siria, el secretario general adjunto ha alertado sobre la preocupante realidad de que arsenales de armas hayan caído en manos de terroristas, lo que representa una amenaza directa a la estabilidad regional. Asimismo, durante el periodo analizado, se registraron más de 90 ataques, principalmente dirigidos contra las Fuerzas Democráticas Sirias.
En Asia Central, especialmente en Afganistán, el grupo afiliado ISIS-Khorasan (ISKP) representa una de las amenazas más graves para la región. El informe advierte que ISKP ha consolidado una base operativa que le permite proyectar ataques hacia el Cáucaso y captar excombatientes de otros grupos armados, aprovechando el descontento con las autoridades locales.
Tecnología y radicalización
Dáesh y sus filiales están utilizando tecnologías emergentes tales como plataformas de mensajería cifrada, sistemas de financiación colectiva y herramientas de inteligencia artificial para expandir su propaganda. Se ha observado el uso de inteligencia artificial generativa y el uso de criptomonedas para fortalecer sus capacidades operativas, comunicativas y financieras. Además, se han detectado intentos de reclutar expertos en ciberseguridad, lo que supondría un salto cualitativo en sus métodos de acción.
Esta transformación digital del terrorismo plantea nuevos desafíos para los Estados, que deben adaptar sus marcos normativos y sus capacidades técnicas para enfrentar amenazas cada vez más sofisticadas.
Miembros del Dáesh y sus familiares en zonas de conflicto
El informe expresa la profunda preocupación por la situación en los campamentos del noreste de Siria, donde más de 30.000 personas —incluyendo más de 11.000 niños extranjeros de 62 países— permanecen detenidas. El secretario general adjunto ha reiterado la necesidad de comenzar a repatriarlas de manera segura y digna, especialmente a los niños, conforme al derecho internacional y al principio del interés superior del menor.
La prolongación de estas condiciones de detención representa un riesgo grave de radicalización y perpetuación del ciclo de violencia, según señala el informe.
Cooperación internacional: recomendaciones estratégicas
El informe destaca los esfuerzos de la ONU para apoyar a los Estados miembros en el fortalecimiento de sus capacidades institucionales. Asimismo, insta a priorizar la prevención del extremismo violento, subrayando la necesidad de diseñar respuestas que aborden las causas profundas del terrorismo y que garanticen que las medidas antiterroristas respeten el derecho internacional, los derechos humanos y las normas humanitarias.
Se traslada también la necesidad de fortalecer la cooperación global, involucrando a todos los actores relevantes —gobiernos, organizaciones regionales y sociedad civil— en enfoques integrales para combatir el terrorismo.
Finalmente, el informe reafirma el compromiso de la ONU en la lucha contra el terrorismo de manera eficaz, sostenible y centrada en las personas. La amenaza que representa Dáesh no ha desaparecido, sino que se ha transformado, diversificado y adaptado a nuevos entornos. Por ello, se requiere una respuesta global, coordinada, basada en principios, que combine de forma adecuada la seguridad, la prevención, la justicia y los derechos humanos.