Día Mundial del Árbol

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Día del Árbol
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Día Mundial del Árbol
28 de junio 2023

A lo largo del año, numerosas instituciones proclaman distintas fechas con el mismo objetivo: celebrar la existencia de todo tipo de árboles y, al tiempo, concienciar sobre la importancia de su conservación, dentro y fuera de los bosques, en los montes o en las ciudades.

En la década de los 60 del siglo XX, el Congreso Forestal Mundial acordó que, el 28 de junio, se conmemorara el Día Mundial del Árbol con la finalidad de reconocerlo como un elemento vital del planeta. Posteriormente, en 2012, Naciones Unidas proclamó el 21 de marzo como el Día Internacional de los Bosques, también conocido como Día Forestal Mundial. Desde entonces, esta celebración se va consolidando cada vez con mayor repercusión mundial, porque es necesario que recordemos —toda la humanidad— la importancia del árbol en nuestra vida cotidiana y en la supervivencia de nuestro mundo. De hecho, y además de esta conmemoración internacional, un gran número de naciones tienen su propio Día del Árbol desde que, en 1840, Suecia fuese el primer país en proclamarlo a nivel nacional.

Con todo, el 28 de junio es el Día Mundial del Árbol, y de esta forma se rinde homenaje a un protagonista individual de gran parte de los procesos asociados a la vida en el planeta, pero también al desarrollo del ser humano como ser social. En cualquier caso, el árbol —como individuo o como parte de la foresta, sociedad natural de la que el árbol es la unidad fundamental— es imprescindible para la vida en nuestro planeta.

Hermann Hesse dijo “Quien sabe hablar con ellos, quien sabe escucharlos, aprende la verdad. No predican doctrinas y recetas; predican indiferentes al detalle, la ley primitiva de la vida”.[1]
Esa “ley primitiva de la vida” está siendo alterada por la actividad humana. Así lo constata los efectos que el incremento de las temperaturas medias en el planeta, el calentamiento global o cambio climático está provocando.

A causa del emplazamiento geográfico de nuestro país, España es un país que se ve muy afectado por las alteraciones, sufriendo incrementos en la cantidad e importancia de los incendios forestales, períodos de sequía más frecuentes y prolongados o fenómenos meteorológicos extremos que provocan inundaciones. Además, España soporta, desde hace años, un peligroso avance de la aridez, que incrementa lentamente la desertificación. Este grave fenómeno afecta ya, en mayor o menor medida, a más de dos terceras partes del territorio español, todo ello sin mencionar la pérdida directa de vidas humanas que provoca.

Este 2023 se presenta especialmente complicado por los meses de sequía precedentes y las previsibles altas temperaturas del verano. Por otro lado, la coincidencia de lluvias en junio ha facilitado el crecimiento de especies herbáceas, que al agostarse serán un peligroso combustible en los montes. Ya en la actualidad, según datos de MITECO, 2023 es el año con mayor superficie quemada del último decenio, más de 48.000 hectáreas, que podrían llegar a ser cerca de 60.000 cuando se incluyan los datos del grave incendio de Pinofranqueado (Cáceres).

En España, los montes —y los árboles en que ellos habitan— son de una importancia vital: la superficie forestal española se estima en unos 28 millones de hectáreas (el 54,4% de la superficie española), de las cuales, alrededor de 18 millones de hectáreas están arboladas.

Con estos parámetros, en España, la Seguridad Nacional subraya que la preservación del medio ambiente y la conservación de la naturaleza son esenciales, al menos si entendemos la Seguridad Nacional en su concepto más moderno reflejado en la Ley de Seguridad Nacional de 2015 en su artículo 3: “…se entenderá por Seguridad Nacional la acción del Estado dirigida a proteger la libertad, los derechos y bienestar de los ciudadanos…”, o aún de forma más clara en el Plan Integral de Cultura de Seguridad Nacional, de 2021: “…es esencial que la ciudadanía sea partícipe y corresponsable de la Seguridad Nacional, de su propia seguridad. Para conseguirlo, es imprescindible que alcance un conocimiento amplio e informado de nuestro entorno, de las amenazas y desafíos que se ciernen sobre nuestra vida cotidiana …”.

Por todo ello, para la Seguridad Nacional son trascendentales los planes de estado más “estratégicos” en estos ámbitos, con especial significancia del Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (PNACC), pero también, en este ámbito, planes como el Plan Forestal Español 2022-2032, el Plan Nacional de Control de la Legalidad de la Madera Comercializada en España, la Estrategia Nacional de Infraestructura Verde y de la Conectividad y Restauración Ecológicas, las Estrategias de Conservación de los Recursos Genéticos Forestales, Estrategia Forestal Española horizonte 2050 o la Estrategia Nacional de Lucha contra la Desertificación, entre otros.

Y para fortalecer este enfoque nacional, la Estrategia de Seguridad Nacional 2021 (ESN21) establece la “Preservación del medio ambiente, desarrollo sostenible y lucha contra el cambio climático” como un objetivo nacional, pero también considera, bajo el epígrafe “catástrofes y emergencias”, que “ Factores potenciadores del riesgo de emergencias y catástrofes son tanto la despoblación rural como la sobrepoblación de algunas ciudades, la degradación del ecosistema agravada por los efectos del cambio climático…”

Aparte de estas citas más o menos explícitas sobre la importancia de los ecosistemas, que en gran medida son dependientes del arbolado; la influencia indirecta en muchos otros de los riesgos y amenazas enumerados en la ESN21 es trascendental. Así, los servicios ecosistémicos y las producciones forestales son de importancia para la lucha contra la despoblación rural; y, con ello, para la preservación del medio. Además, el papel protector de cuencas es trascendental para asegurar no solo la disminución de la importancia de las riadas e inundaciones, sino también para preservar la capacidad de los pantanos de consumo e hidroeléctricos, que produjeron, aproximadamente el 6.5% de la generación eléctrica en España en 2022.

Por otro lado, y con un enfoque internacional, la lucha contra el avance del desierto en la zona del Sahel es trascendental para facilitar la vida de las poblaciones y, de esta manera, colaborar para que los movimientos migratorios por necesidades económicas o ambientales no sean la única alternativa de supervivencia en estas regiones. A estos efectos, es muy interesante el proyecto de la Gran Muralla Verde Africana. De la misma manera, la práctica de totalidad de los estudios sobre los riesgos de pandemias confluyen en que la disminución de la biodiversidad y la reducción de los espacios naturales contribuyen a facilitar la transmisión de enfermedades epidémicas entre animales y humanos.

Con todo lo expuesto, y para finalizar, podemos subrayar que la situación de los bosques en España no es del todo mala, aunque siempre debemos aspirar a su constante mejoría, cuidado y preservación. Así, y como muestra el siguiente gráfico, nuestra superficie forestal arbolada ha crecido de forma muy significativa en la última década, y esto es un dato esperanzador en el día que celebramos la bondad del árbol para la supervivencia de nuestro planeta.
 

 

[1] Hesse, Hermann. “El caminante” Editorial Caro Raggio. 2012 Madrid
 
 
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